Nehemías reconstruye la muralla
Neh 2, 1-20
Nehemías, el copero del rey de Persia, pidió permiso para ir a reconstruir la muralla de Jerusalén. Aunque se burlaban de ellos, el pueblo la terminó en cincuenta y dos días. Después, Esdras les leyó la Ley de Dios. Neh 2, 1-20

La historia, con nuestras palabras
Nehemías era el copero del rey Artajerjes de Persia: el que le servía el vino. Neh 2, 1
Un día el rey lo vio triste y le preguntó por qué. Nehemías le contó que Jerusalén, la ciudad de sus padres, estaba en ruinas. Neh 2, 2-3
Nehemías se encomendó al Dios del cielo. Luego le pidió al rey que lo enviara a reconstruir la ciudad. Neh 2, 4-5
El rey le concedió lo que pedía, porque la mano de Dios estaba con Nehemías. Neh 2, 8 Ya en Jerusalén, Nehemías salió de noche, sin decírselo a nadie, a…
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Ver el mapaAsí lo dice la Biblia
Neh 2, 1-20
1Sucedió pues en el mes de Nisán, el año vigésimo del reinado de Artajerjes, que traído el vino delante del rey, tomé yo la copa, y se la serví: mas estaba yo como descaecido en su presencia. 2Y díjome el rey: ¿Por qué está melancólico tu semblante, no estando como no estás enfermo? No es esto sin motivo; tú maquinas alguna cosa mala en tu corazón. Apoderóse entonces de mí un temor grande, 3y respondí al rey: Oh rey, sea tu vida eterna: ¿cómo no ha de estar melancólico mi semblante cuando la ciudad, lugar de los sepulcros de mis padres, está desierta y consumidas sus puertas por las llamas? 4Y díjome el rey: ¿Qué es lo que pretendes? Y yo, encomendándome al Dios del cielo, 5respondí al rey: Si el rey lo tiene a bien, y si tu siervo ha hallado gracia en tus ojos, envíame a Judea, a la ciudad en donde está el sepulcro de mi padre, y yo la reedificaré. 6A lo que me dijeron el rey, y la reina, la cual estaba sentada a su lado: ¿En cuánto tiempo harás tu viaje y podrás volver? Díjele el tiempo; y mostró el rey contentarse, y diome licencia. 7Mas yo dije al rey: Si es del agrado del rey, deme cartas para los gobernadores del país del otro lado del río, para que me concedan paso hasta llegar a Judea: 8y también otra carta para Asaf, guarda de los reales bosques, a fin de que me suministre maderas para construir las puertas de la torre del Templo, y los muros de la ciudad, y la casa en que habré de habitar. Otorgómelo el rey, porque estaba a mi favor la benéfica mano de Dios. 9Con eso llegué a los gobernadores del territorio de la otra parte del río, y diles las cartas del rey. Había el rey enviado conmigo oficiales de guerra y gente de a caballo. 10Luego que lo supieron Sanaballat horonita, y Tobías amonita, criado del rey, tuvieron grandísimo pesar de que hubiese llegado un hombre que procurase la prosperidad de los hijos de Israel. 11Llegué en fin a Jerusalén, donde descansé tres días: 12y me levanté de noche, con algunos pocos hombres, sin declarar a nadie lo que Dios me había inspirado hacer en Jerusalén; ni llevaba conmigo otra caballería, fuera de la que yo montaba. 13Salí pues de noche por la puerta del Valle de Cedrón, y por delante de la fuente del Dragón, y hacia la puerta del Estiércol, y contemplaba la muralla de Jerusalén arruinada, y sus puertas consumidas de las llamas. 14De allí pasé a la puerta de la Fuente de Siloé, y al acueducto del rey; y ya no había camino por donde pudiese pasar la caballería en que iba. 15Y siendo todavía de noche, subí por el torrente, y registraba el muro, y dando la vuelta, llegué otra vez a la puerta del Valle, y me volví a mi casa. 16Entre tanto los magistrados no sabían a dónde había ido yo, ni lo que me hacía: y hasta entonces nada había yo declarado a los judíos, ni a los sacerdotes, ni a los magnates, ni a los magistrados, ni a los demás destinados para cuidar de las obras. 17Díjeles pues: Bien veis el lastimoso estado en que nos hallamos: Jerusalén está desierta, y sus puertas hechas ceniza; venid y reedifiquemos los muros de Jerusalén, y no vivamos más en estado de tanta ignominia. 18Al mismo tiempo les hice ver cómo estaba a favor mío la benéfica mano de mi Dios, y les referí las palabras que el rey me había dicho, y concluí: Ea, vamos y emprendamos la obra. Con esto ellos cobraron vigor para ponerla en ejecución. 19Noticiosos empero Sanabalat horonita, y Tobías amonita, criado del rey, y Gosem el árabe, nos silbaron y escarnecieron diciendo: ¿Qué es esto que hacéis? ¿Os queréis acaso rebelar contra el rey? 20Pero yo les respondí y dije: El Dios del cielo es quien nos ayuda: nosotros somos sus siervos; e iremos adelante, y proseguiremos la obra: pues vosotros no tenéis parte, ni derecho, ni se os mienta para nada en Jerusalén.
Biblia de Torres Amat (París, 1836), dominio público, con la ortografía de hoy. En cursiva, lo que añadió el traductor.
Para leer juntos
- Antes de hablar con el rey, Nehemías se encomendó a Dios. ¿Cuándo rezas tú así, en un momento difícil?
- La gente lloraba al oír la Ley de Dios. ¿Por qué crees que lloraban?
- Para el niño: ¿qué cosa grande podrían hacer juntos en tu familia?