El paso del mar Rojo
Ex 14, 5-31
El faraón persiguió a los israelitas hasta el mar. Moisés extendió la mano, el Señor abrió el mar, y el pueblo pasó por en medio, en seco. Al otro lado, Miriam y las mujeres cantaron a Dios. Ex 14, 5-31

La historia, con nuestras palabras
Cuando avisaron al faraón que el pueblo se había ido, él y sus servidores se arrepintieron de dejarlo salir. Ex 14, 5
Los egipcios los persiguieron con los caballos y los carros del faraón, y los alcanzaron junto al mar. Ex 14, 9
Los israelitas vieron venir a los egipcios detrás de ellos, y tuvieron mucho miedo. Ex 14, 10
Moisés les dijo que no tuvieran miedo y que estuvieran firmes: verían lo que el Señor haría ese día. Ex 14, 13 La columna de nube se puso detrás del…
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Ex 14, 5-31
5Entretanto avisaron al rey de los egipcios, que el pueblo iba huyendo; y trocose el corazón de Faraón y de sus servidores en orden al pueblo, y dijeron: ¿En qué pensábamos al soltar a Israel para que dejase de servirnos? 6Hizo, pues, uncir los caballos a su carroza, y tomó consigo a todo su pueblo. 7Y llevó seiscientos carros de guerra escogidos, y todos cuantos había en Egipto, y los capitanes de todo el ejército. 8Y el Señor abandonó el corazón del Rey de Egipto a la obstinación; el cual fue al alcance de los hijos de Israel: pero estos habían salido amparados de una mano todopoderosa. 9Siguiendo, pues, las huellas los egipcios, halláronlos acampados junto al mar. Toda la caballería y carros de Faraón, y el ejército entero, estaban ya en Fihahirot, en frente de Beelsefón. 10Y así que Faraón se hubo acercado, alzando los hijos de Israel sus ojos, vieron en pos de sí a los egipcios; con lo que se amedrentaron sobremanera. 11Y clamaron al Señor, y dijeron a Moisés: ¿Acaso faltaban sepulturas en Egipto, para que nos hayas traído a que muriésemos en el Desierto? ¿Qué designio ha sido el tuyo en sacarnos de Egipto? 12¿No te decíamos aun estando en Egipto: Déjanos que sirvamos a los egipcios? Porque mucho mejor nos era servirlos a ellos, que morir en el Desierto. 13Moisés, empero, respondió al pueblo: No temáis: estad firmes, y veréis los prodigios que ha de obrar hoy el Señor; pues esos egipcios que ahora estáis viendo, ya nunca jamás los volveréis a ver. 14El Señor peleará por vosotros, y vosotros os estaréis quedos. 15Y dijo el Señor a Moisés: ¿Por qué clamas a mí? Di a los hijos de Israel que marchen. 16Y tú levanta tu vara, y extiende tu mano sobre el mar, y divídele, para que los hijos de Israel caminen por en medio de él a pie enjuto. 17Yo entre tanto endureceré el corazón de los egipcios para que vayan en persecución vuestra; y seré glorificado en el exterminio de Faraón, y de todo su ejército, y de sus carros y caballería. 18Entonces conocerán los egipcios que Yo soy el Señor, cuando habré hecho servir para mi gloria a Faraón, y a sus carros, y a su caballería. 19En esto, alzándose el Ángel de Dios, que iba delante del ejército de los israelitas, se colocó detrás de ellos; y con él juntamente la columna de nube, la cual dejada la delantera, 20se situó a la espalda, entre el campo de los egipcios, y el de Israel: y la nube era tenebrosa por la parte que miraba a aquellos, al paso que para Israel hacía clara la noche; de tal manera que no pudieron acercarse los unos a los otros durante todo el tiempo de la noche. 21Extendiendo, pues, Moisés la mano sobre el mar, abriole el Señor por en medio, y soplando toda la noche un viento recio y abrasador, le dejó en seco, y las aguas quedaron divididas. 22Con lo que los hijos de Israel entraron por medio del mar en seco; teniendo las aguas como por muro a derecha e izquierda. 23Los egipcios, siguiendo el alcance, entraron en medio del mar tras ellos, con toda la caballería de Faraón, sus carros, y gente de a caballo. 24Estaba ya para romper el alba; y he aquí que el Señor, echando una mirada desde la columna de fuego y de nube sobre los escuadrones de los egipcios, hizo perecer su ejército, 25y trastornó las ruedas de los carros, los cuales caían precipitados al profundo del mar. Por lo que dijeron los egipcios: Huyamos de Israel, pues el Señor pelea por él contra nosotros. 26Entonces dijo el Señor a Moisés: Extiende tu mano sobre el mar, para que se reúnan las aguas sobre los egipcios, sobre sus carros y caballos. 27Luego que Moisés extendió la mano sobre el mar, se volvió este a su sitio al rayar el alba; y huyendo los egipcios, las aguas los sobrecogieron, y el Señor los envolvió en medio de las olas. 28Así las aguas vueltas a su curso, sumergieron los carros, y la caballería de todo el ejército de Faraón, que había entrado en el mar en seguimiento de Israel: ni uno siquiera se salvó. 29Mas los hijos de Israel marcharon por medio del mar enjuto, teniendo las aguas por muro a derecha e izquierda. 30De esta suerte libró el Señor a Israel en aquel día de mano de los egipcios: 31Y vieron en la orilla del mar los cadáveres de los egipcios, y cómo el Señor había descargado contra ellos su poderosa mano. Con esto temió el pueblo al Señor, y creyó al Señor y a su siervo Moisés.
Biblia de Torres Amat (París, 1836), dominio público, con la ortografía de hoy. En cursiva, lo que añadió el traductor.
Para leer juntos
- El pueblo tenía el mar delante y a los egipcios detrás. ¿Has vivido un momento en que no veías ninguna salida?
- Lo primero que hicieron al otro lado fue cantarle a Dios. ¿Cómo le das gracias tú cuando algo sale bien?
- Para el niño: si hubieras caminado entre los muros de agua, ¿qué habrías sentido?