José, vendido por sus hermanos
Gn 37, 1-36
Jacob quería a José más que a sus otros hijos, y sus hermanos le tenían envidia. Un día lo echaron a un pozo seco y lo vendieron a unos comerciantes que lo llevaron a Egipto. A su padre le hicieron creer que una fiera lo había matado. Gn 37, 1-36

La historia, con nuestras palabras
Jacob tenía doce hijos. José y Benjamín eran los hijos de Raquel. Gn 35, 23-26
Jacob quería a José más que a todos sus hijos, porque lo tuvo ya viejo. Le hizo una túnica de muchos colores. Gn 37, 3
Sus hermanos vieron que su padre lo quería más, y lo odiaban. No podían hablarle en paz. Gn 37, 4
José les contó un sueño: los manojos de trigo de sus hermanos se inclinaban ante el suyo. Por eso lo odiaron todavía más. Gn 37, 5-8 Un día, Jacob mandó…
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Gn 37, 1-36
1Pero Jacob habitó en el país de Canaán, donde su padre había vivido como extranjero. 2Y he aquí lo que pasó en su familia: José todavía muchacho, siendo de diez y seis años, apacentaba el ganado con sus hermanos: y estaba con los hijos de Bala y de Zelfa, mujeres de su padre: y acusó a sus hermanos ante el padre de un delito muy enorme. 3Amaba Israel a José más que a todos sus hijos, por haberle engendrado en la vejez, y le hizo una túnica bordada de varios colores. 4Al ver pues sus hermanos que el padre le amaba más que a todos sus hijos, odiábanle, y no podían hablarle sin agrura. 5Tras esto sucedió que habiendo tenido un sueño, se lo contó a sus hermanos: lo que fue incentivo de mayor odio. 6Porque les dijo: Oíd lo que he soñado: 7Parecíame que estábamos atando gavillas en el campo: y como que mi gavilla se alzaba, y se tenía derecha, y que vuestras gavillas puestas alrededor adoraban la mía. 8Respondieron sus hermanos: Pues qué, ¿has de ser tú nuestro rey? o ¿hemos de estar sujetos nosotros a tu dominio? Así pues la materia de estos sueños y coloquios, fue fomento de la envidia y del odio. 9Vio también otro sueño, que refirió a sus hermanos, diciendo: He visto entre sueños, como que el sol, y la luna y once estrellas, me adoraban. 10Y habiéndolo contado a su padre y a los hermanos, su padre le reprendió, diciendo: ¿Qué quiere decir ese sueño que has visto? ¿por ventura yo y tu madre y tus hermanos postrados por tierra te habremos de adorar? 11De aquí es que sus hermanos le miraban con envidia: mas el padre consideraba en silencio estas cosas. 12Y como sus hermanos estuviesen en el territorio de Siquem apacentando los rebaños de su padre, 13díjole Israel: Tus hermanos guardan las ovejas en los pastos de Siquem: ven, que quiero enviarte a ellos. Y respondiendo él, 14Pronto estoy, Jacob le añadió: Anda, ve, y averigua si tus hermanos lo pasan bien, y si están en buen estado los ganados: y tráeme razón de lo que pasa. Despachado pues del valle de Hebrón, llegó a Siquem: 15Y habiéndole encontrado errante por los campos un hombre, le preguntó qué buscaba. 16A lo que respondió José: Ando en busca de mis hermanos, muéstrame dónde pastan los ganados. 17Díjole aquel hombre: Apartáronse de este lugar: y les oí decir: Pasemos a Dotáin. Con esto marchó José en busca de sus hermanos, y hallolos en Dotáin. 18Los cuales luego que le vieron a lo lejos, antes que se acercase a ellos, trataron de matarle: 19y decíanse unos a otros: Aquí viene el soñador: 20Ea pues, matémosle, y echémosle en una cisterna vieja: diremos que una bestia feroz le devoró; y entonces se verá qué le aprovechan sus sueños. 21Oyendo esto Rubén, se esforzaba en librarle de sus manos, y decía: 22No le quitéis la vida, ni derraméis su sangre, sino echadle en aquella cisterna seca que está en el desierto, y no manchéis vuestras manos: lo que decía con el fin de librarle de ellos, y restituirle a su padre. 23Apenas pues hubo llegado José a sus hermanos, le desnudaron de la túnica talar y de varios colores: 24y metiéronle en una cisterna vieja, que no tenía agua. 25Y sentados a comer, vieron venir de Galaad una caravana de ismaelitas, con sus camellos cargados de aromas, y bálsamo, y mirra destilada, que iba con dirección a Egipto. 26Entonces dijo Judá a sus hermanos: ¿Qué ganaremos con quitar la vida a nuestro hermano, y ocultar su muerte? 27Mejor es venderle a los ismaelitas, y no manchar nuestras manos: porque al fin hermano nuestro es, y de nuestra misma carne. Asintieron los hermanos a sus razones. 28Y mientras pasaban unos negociantes madianitas, sacándole de la cisterna, le vendieron a aquellos ismaelitas, por veinte siclos de plata: quienes le condujeron a Egipto. 29Vuelto Rubén a la cisterna, no halló al muchacho: 30y rasgándose los vestidos, fue luego a sus hermanos, diciendo: El chico no parece, ¿y adónde iré yo ahora? 31Tomaron después ellos la túnica de José, y tiñéronla en la sangre de un cabrito, que habían matado; 32enviándola a su padre, y haciéndole decir por los portadores: Esta túnica hemos hallado: mira si es o no la túnica de tu hijo. 33El padre habiéndola reconocido, dijo: La túnica de mi hijo es, una bestia feroz se le ha comido, una fiera ha devorado a José. 34Y rasgándose los vestidos, se vistió de cilicio, llorando por mucho tiempo a su hijo. 35Y juntándose todos los demás hijos para aliviar el dolor del padre, no quiso admitir consuelo ninguno, sino que decía: Descenderé deshecho en lágrimas a encontrar y unirme con mi hijo en el sepulcro. Y perseveró en el llanto. 36Entretanto los madianitas vendieron a José en Egipto a Putifar, eunuco o valido de Faraón, y capitán de sus guardias.
Biblia de Torres Amat (París, 1836), dominio público, con la ortografía de hoy. En cursiva, lo que añadió el traductor.
Para leer juntos
- ¿Qué sentimientos ves en los hermanos de José? ¿Cómo empezó todo?
- Rubén y Judá no querían que mataran a José. ¿Qué habrías hecho tú en su lugar?
- Para el niño: ¿qué haces cuando sientes envidia de alguien?