Pablo y Silas cantan en la cárcel
Hch 16, 22-40
En Filipos, Pablo y Silas fueron azotados y encerrados. A medianoche oraban y cantaban a Dios. Un terremoto abrió las puertas, pero no huyeron, y el carcelero se bautizó esa noche con toda su familia. Hch 16, 22-40

La historia, con nuestras palabras
En Filipos, una esclava adivinaba por medio de un espíritu. Pablo, en el nombre de Jesucristo, mandó al espíritu salir de ella. Hch 16, 16.18
Sus amos vieron que se les acababa la ganancia. Por eso agarraron a Pablo y a Silas y los llevaron ante los jefes de la ciudad. Hch 16, 19
La gente se puso contra ellos. Los magistrados los mandaron azotar y meter en la cárcel, con los pies sujetos en el cepo. Hch 16, 22-24
A medianoche, Pablo y Silas oraban y cantaban alabanzas a Dios. Los otros presos los escuchaban. Hch 16, 25 De repente hubo un gran terremoto. Se abrieron todas las puertas,…
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Ver el mapaAsí lo dice la Biblia
Hch 16, 22-40
22Al mismo tiempo la plebe conmovida acudió de tropel contra ellos; y los magistrados mandaron que rasgándoles las túnicas, los azotasen con varas. 23Y después de haberles dado muchos azotes, los metieron en la cárcel, apercibiendo al carcelero para que los asegurase bien. 24El cual recibida esta orden, los metió en un profundo calabozo, con los pies en el cepo. 25Mas a eso de media noche, puestos Pablo y Silas en oración, cantaban alabanzas a Dios; y los demás presos los estaban escuchando, 26cuando de repente se sintió un gran terremoto, tal que se meneaban los cimientos de la cárcel. Y al instante se abrieron de par en par todas las puertas, y se les soltaron a todos las prisiones. 27En esto despertando el carcelero, y viendo abiertas las puertas de la cárcel, desenvainando una espada iba a matarse, creyendo que se habían escapado los presos. 28Entonces Pablo le gritó con grande voz, diciendo: No te hagas ningún daño, que todos sin faltar uno estamos aquí. 29El carcelero entonces habiendo pedido luz, entró dentro; y estremecido se arrojó a los pies de Pablo y de Silas, 30y sacándolos afuera, les dijo: Señores, ¿qué debo hacer para salvarme? 31Ellos le respondieron: Cree en el Señor Jesús, y te salvarás tú y tu familia. 32Y enseñáronle la doctrina del Señor a él, y a todos los de su casa. 33El carcelero en aquella misma hora de la noche llevándolos consigo, les lavó las llagas; y recibió luego el bautismo, así él como toda su familia. 34Y conduciéndolos a su habitación, les sirvió la cena, regocijándose con toda su familia de haber creído en Dios. 35Luego que amaneció, los magistrados enviaron los alguaciles, con orden al carcelero para que pusiese en libertad a aquellos hombres. 36El carcelero dio esta noticia a Pablo, diciendo: Los magistrados han ordenado que se os ponga en libertad: por tanto saliéndoos ahora, idos en paz. 37Mas Pablo les dijo a los alguaciles: ¿Cómo? Después de habernos azotado públicamente, sin oírnos en juicio, siendo ciudadanos romanos, nos metieron en la cárcel, ¿y ahora salen con soltarnos en secreto? No ha de ser así; sino que han de venir los magistrados, 38y soltarnos ellos mismos. Los alguaciles refirieron a los magistrados esta respuesta; los cuales al oír que eran romanos, comenzaron a temer; 39y así viniendo procuraron excusarse con ellos, y sacándolos de la cárcel, les suplicaron que se fuesen de la ciudad. 40Salidos pues de la cárcel, entraron en casa de Lidia; y habiendo visto a los hermanos los consolaron, y después partieron.
Biblia de Torres Amat (París, 1836), dominio público, con la ortografía de hoy. En cursiva, lo que añadió el traductor.
Para leer juntos
- Pablo y Silas estaban presos y cantaban a Dios. ¿Qué crees que les daba esa fuerza?
- Pudieron escapar y se quedaron, y eso salvó al carcelero. ¿Por qué crees que no huyeron?
- Para el niño: ¿qué canción le cantarías a Dios cuando tienes miedo?