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Mapa de DiosAbrir el mapa

El naufragio

Hch 27, 13-44

Pablo iba preso a Italia cuando una tormenta arrastró el barco durante catorce días. Un ángel le dijo que no temiera: Dios salvaría a todos. El barco encalló, y las doscientas setenta y seis personas llegaron vivas a la isla de Malta. Hch 27, 13-44

El naufragio: recreación artística

La historia, con nuestras palabras

Pablo iba preso a Italia, a cargo de un centurión, un oficial romano, llamado Julio. Hch 27, 1

Navegaban junto a la isla de Creta cuando un viento huracanado, llamado Nordeste, golpeó el barco. Hch 27, 13-14

El barco quedó a merced del viento. Tuvieron que tirar al mar la carga y, después, los aparejos del barco. Hch 27, 15.18-19

Durante muchos días no se vieron ni el sol ni las estrellas, y perdieron toda esperanza de salvarse. Hch 27, 20 Entonces Pablo se puso en medio de todos. Les…

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Así lo dice la Biblia

Hch 27, 13-44

13Así pues soplando el Austro, figurándose salir ya con su intento, levantando anclas en Asón, iban costeando por la isla de Creta. 14Pero a poco tiempo dio contra la nave un viento tempestuoso, llamado Nordeste. 15Arrebatada la nave, y no pudiendo resistir al torbellino, éramos llevados a merced de los vientos. 16Arrojados con ímpetu hacia una isleta, llamada Cauda, pudimos con gran dificultad recoger el esquife. 17El cual metido dentro, maniobraban los marineros cuanto podían, asegurando y liando la nave, temerosos de dar en algún banco de arena. De esta suerte abajadas las velas y el mástil, se dejaban llevar de las olas. 18Al día siguiente, como nos hallábamos furiosamente combatidos por la tempestad, echaron al mar el cargamento; 19y tres días después arrojaron con sus propias manos las municiones y pertrechos de la nave. 20Entre tanto, había muchos días que no se dejaban ver ni el sol, ni las estrellas, y la borrasca era continuamente tan furiosa, que ya habíamos perdido todas las esperanzas de salvarnos. 21Entonces Pablo, como había ya mucho tiempo que nadie había tomado alimento, puesto en medio de ellos, dijo: En verdad, compañeros, que hubiera sido mejor, creyéndome a mí, no haber salido de Creta, y excusar este desastre y pérdida. 22Mas ahora os exhorto a tener buen ánimo, pues ninguno de vosotros se perderá; lo único que se perderá será la nave. 23Porque esta noche se me ha aparecido un ángel del Dios, de quien soy yo, y a quien sirvo, 24diciéndome: No temas, Pablo, tú sin falta has de comparecer ante César; y he ahí que Dios te ha concedido la vida de todos los que navegan contigo. 25Por tanto, compañeros, tened buen ánimo; pues yo creo en Dios, que así será, como se me ha prometido. 26Al fin hemos de venir a dar en cierta isla. 27Mas llegada la noche del día catorce, navegando nosotros por el mar Adriático, los marineros a eso de la media noche barruntaban hallarse a vista de tierra. 28Por lo que tiraron la sonda, y hallaron veinte brazas de agua; y poco más adelante, solo hallaron ya quince. 29Entonces temiendo cayésemos en algún escollo, echaron por la popa cuatro áncoras, aguardando con impaciencia el día. 30Pero como los marineros, intentando escaparse de la nave, echasen al mar el esquife, con el pretexto de ir a tirar las áncoras un poco más lejos por la parte de proa, 31dijo Pablo al centurión y a los soldados: Si estos hombres no permanecen en el navío, vosotros no podéis salvaros. 32En la hora los soldados cortaron las amarras del esquife, y le dejaron perder. 33Y al empezar a ser de día, rogaba Pablo a todos que tomasen alimento, diciendo: Hace hoy catorce días que aguardando el fin de la tormenta estáis sin comer, ni probar casi nada. 34Por lo cual os ruego que toméis algún alimento para vuestra conservación, seguros de que no ha de perderse ni un cabello de vuestra cabeza. 35Dicho esto, tomando pan, dio gracias a Dios en presencia de todos, y partiéndole, empezó a comer. 36Con eso animados todos, comieron también ellos. 37Éramos los navegantes al todo doscientas y setenta y seis personas. 38Estando ya satisfechos, aligeraban la nave, arrojando al mar el trigo. 39Siendo ya día claro, no reconocían qué tierra era la que descubrían: echaban sí de ver cierta ensenada que tenía playa, donde pensaban arrimar la nave, si pudiesen. 40Alzadas pues las áncoras, se abandonaban a la corriente del mar, aflojando al mismo tiempo las cuerdas de las dos planchas del timón; y alzada la vela del artimón o de la popa, para tomar el viento preciso, se dirigían hacia la playa. 41Mas tropezando en una lengua de tierra que tenía mar por ambos lados, encalló la nave, quedando inmoble la proa, fija o encallada en el fondo, mientras la popa iba abriéndose por la violencia de las olas. 42Los soldados entonces deliberaron matar a los presos, temerosos de que alguno se escapase a nado. 43Pero el centurión deseoso de salvar a Pablo, estorbó que lo hiciesen; y mandó que los que supiesen nadar, saltasen los primeros al agua, y saliesen a tierra: 44a los demás, parte los llevaron en tablas, y algunos sobre los deshechos que restaban del navío. Y así se verificó que todas las personas salieron salvas a tierra.

Biblia de Torres Amat (París, 1836), dominio público, con la ortografía de hoy. En cursiva, lo que añadió el traductor.

Para leer juntos

  1. Todos habían perdido la esperanza, y Pablo les dio ánimo. ¿Qué te ayuda a ti a no perder la esperanza?
  2. En plena tormenta, Pablo dio gracias a Dios por el pan. ¿Por qué crees que lo hizo?
  3. Para el niño: ¿alguna vez has tenido mucho miedo? ¿Quién te dio ánimo?

¿Quiénes salen?

Pablo.

¿Y luego qué pasó?

Pablo llega a Roma

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