David y Goliat
1 Sam 17, 1-54
Goliat, un guerrero filisteo enorme, desafiaba al ejército de Israel, y todos tenían miedo. David, un joven pastor, salió a su encuentro sin armadura, con su honda y en el nombre del Señor, y lo venció con una piedra. 1 Sam 17, 1-54

La historia, con nuestras palabras
Los filisteos, un pueblo vecino, salieron a pelear contra Israel. Los dos ejércitos acamparon frente a frente, con un valle en medio. 1 Sam 17, 1-3
Del campamento de los filisteos salió un guerrero muy alto, llamado Goliat, de la ciudad de Gat. 1 Sam 17, 4
Goliat gritaba a los israelitas que escogieran a uno de los suyos para pelear solo contra él. 1 Sam 17, 8
Al oírlo, el rey Saúl y todos los israelitas tuvieron mucho miedo. 1 Sam 17, 11 Jesé mandó a David, su hijo, a llevar comida a sus hermanos, que estaban…
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1 Sam 17, 1-54
1Sucedió después de algún tiempo que los filisteos, juntando sus escuadrones para pelear, se reunieron en Socó de Judá, y acamparon entre Socó y Azeca, en los confines de Dommim. 2También se reunieron Saúl y los hijos de Israel, y viniendo al valle del Terebinto, ordenaron allí sus escuadrones para pelear contra los filisteos. 3Estaban estos acampados en un lado del monte, y los israelitas en el lado opuesto, mediando el valle entre ellos. 4Y salió de los reales de los filisteos un hombre bastardo, llamado Goliat, natural de Get, cuya estatura era de seis codos y un palmo. 5Traía en su cabeza un morrión de bronce, e iba vestido de una coraza escamada, del mismo metal, que pesaba cinco mil siclos: 6botas de bronce cubrían sus piernas, y defendía sus hombros un escudo de dicho metal. 7El astil de su lanza era grueso como el enjullo de un telar, y el hierro o punta de la misma pesaba seiscientos siclos, e iba delante de él su escudero. 8Este hombre vino a presentarse delante de los escuadrones de Israel, dando voces y diciéndoles: ¿Por qué habéis venido para dar batalla? ¿No soy yo un filisteo, y vosotros siervos de Saúl? Escoged de entre vosotros alguno que salga a combatir cuerpo a cuerpo. 9Si tuviere valor para pelear conmigo y me matare, seremos esclavos vuestros; mas si yo prevaleciere y le matare a él, vosotros seréis los esclavos, y nos serviréis. 10Y decía después jactándose: Yo he desafiado hoy a los batallones de Israel, diciéndoles: Dadme acá un campeón, y mida sus fuerzas conmigo cuerpo a cuerpo. 11Saúl empero y todos los israelitas, oyendo tal desafío del filisteo, quedaron asombrados y llenos de miedo. 12David, según queda dicho, era hijo de un varón efrateo de la ciudad de Belén en Judá, llamado Isaí, el cual tenía ocho hijos, y era hombre anciano, y de los más avanzados en edad en el tiempo de Saúl. 13Sus tres hijos mayores siguieron a Saúl en la guerra: de los cuales el primogénito se llamaba Eliab, el segundo Abinadab, y el tercero Samma. 14David era el menor de todos. Habiendo pues los tres mayores seguido a Saúl, 15David se había ido de la corte de Saúl, y vuelto a apacentar la grey de su padre en Belén. 16Entretanto se presentaba el filisteo mañana y tarde, y continuó haciéndolo por espacio de cuarenta días. 17En este intermedio dijo Isaí a su hijo David: Toma para tus hermanos un efi de harina de cebada y estos diez panes, y corre al campamento a llevárselo. 18Y estos diez quesos, los llevarás al tribuno o coronel; y verás si tus hermanos están buenos, informándote en qué compañía están. 19Más así ellos como los demás hijos de Israel estaban con Saúl, para pelear contra los filisteos, en el valle del Terebinto. 20Madrugó pues David, y encargando a uno el cuidado del ganado, se puso con su carga en camino, como se lo había mandado Isaí. Y llegó al lugar de Magala, junto al ejército, al tiempo que este, habiendo salido a dar la batalla, levantaba el grito en señal de combate. 21Porque ya Israel había formado en batalla sus escuadrones, e igualmente los filisteos estaban dispuestos para la acción. 22A vista de esto David, dejando cuanto había traído al cuidado de quien se lo guardase entre los bagajes, fue corriendo al lugar de la batalla, y se informaba de la salud y bienestar de sus hermanos. 23Aún no había acabado de hablar, cuando compareció aquel hombre bastardo llamado Goliat, filisteo, natural de Get, que salía del campamento de los filisteos repitiendo los mismos insultos que siempre: los cuales oyó David. 24Todos los israelitas, así que vieron aquel hombre, huyeron de su presencia temblando de miedo. 25Y decía uno de los soldados de Israel: ¿No habéis visto ese hombre que se presenta al combate? pues a insultar a Israel viene. Al que le matare, le dará el rey grandes riquezas, y a su hija por esposa, y eximirá de tributos en Israel la casa de su padre. 26Preguntó David a los que tenía cerca de sí: ¿Qué es lo que darán al que matare a ese filisteo, y quitare el oprobio de Israel? Porque a la verdad, ¿quién es ese filisteo incircunciso para que insulte así impunemente a los escuadrones del Dios vivo? 27Referíale la gente las mismas palabras, diciendo: Esto y esto se dará al que le matare. 28Y habiéndole oído hablar así con la gente Eliab su hermano mayor, indignose contra él, y le dijo: ¿Por qué has venido aquí, dejando abandonadas en el desierto aquellas poquitas ovejas que tenemos? Bien conocida tengo yo tu altanería y la malicia de tu corazón. A ver la batalla es a lo que has venido. 29Respondió David: ¿Qué mal he hecho yo? ¿He hecho más que hablar? 30Desviose luego de él, y fuese a otro paraje, y entabló la misma conversación, repitiéndole la gente la misma respuesta de antes. 31Oídas de varios las palabras que habló David, fueron referidas delante de Saúl: 32a cuya presencia conducido, le habló David de esta manera: Nadie desmaye a causa de los insultos de ese filisteo: yo, siervo tuyo, iré y pelearé contra él. 33Mas Saúl dijo a David: No tienes tú fuerza para resistir a ese filisteo, ni para pelear contra él; pues tú eres muchacho todavía, y él es un varón aguerrido desde su mocedad. 34Replicó David a Saúl: Apacentaba tu siervo el rebaño de su padre, y venía un león o un oso, y apresaba un carnero de en medio de la manada; 35y corría yo tras ellos y los mataba, y les quitaba la presa de entre los dientes, y al volverse ellos contra mí, los agarraba yo de las quijadas, y los ahogaba y mataba. 36Así es como yo, siervo tuyo, maté tanto al león como al oso, y lo propio haré con ese filisteo incircunciso. Iré pues contra él ahora mismo, y quitaré el oprobio de nuestro pueblo: porque, ¿quién es ese filisteo incircunciso, que ha tenido la osadía de maldecir al ejército del Dios vivo? 37Y añadió David: El Señor que me libró de las garras del león y del oso, él mismo me librará también de las manos de ese filisteo. Dijo Saúl a David: Anda pues, y el Señor sea contigo. 38Y vistiole Saúl con sus ropas o con armadura de su palacio, y púsole en la cabeza un yelmo de acero, y armole de coraza. 39Ciñéndose luego David la espada de Saúl sobre su vestido de guerra, comenzó a probar si podía andar así armado; porque no estaba hecho a ello. Y dijo a Saúl: Yo no puedo caminar con esta armadura; pues no estoy acostumbrado a ella. Por tanto se desarmó; 40y cogiendo el cayado, que llevaba siempre en la mano, escogió del torrente cinco guijarros bien lisos, metióselos en el zurrón de pastor que traía consigo, tomó la honda en su mano, y fuese en busca del filisteo. 41Venía este caminando con paso grave y acercándose hacia David, llevando delante su escudero. 42Mas así que el filisteo vio y miró a David, le menospreció, por ser este un joven, rubio y de linda presencia; 43y le dijo: ¿Soy yo acaso algún perro para que vengas contra mí con un palo? Por lo que maldijo el filisteo a David, jurando por sus dioses. 44Y añadió: Ven acá, y echaré tus carnes a las aves del cielo y a las bestias de la tierra. 45Mas David respondió al filisteo: Tú vienes contra mí con espada, lanza, y escudo; pero yo salgo contra ti en el nombre del Señor de los ejércitos, del Dios de las legiones de Israel, a las cuales tú has insultado en este día: 46y el Señor te entregará en mis manos: y yo te mataré y cortaré tu cabeza; y daré hoy los cadáveres del campo de los filisteos a las aves del cielo y a las bestias de la tierra: para que sepa todo el mundo que hay Dios en Israel; 47y conozca todo este concurso de gente, que el Señor salva sin espada ni lanza; porque él es el árbitro de la guerra, y él os entregará en nuestras manos. 48Como se moviese pues el filisteo, y viniese acercándose a David, apresurose este y corrió al combate contra el filisteo; 49y metiendo su mano en el zurrón, sacó una piedra que disparó con la honda, e hirió al filisteo en la frente, en la cual quedó clavada: y cayó el filisteo en tierra sobre su rostro. 50Así venció David al filisteo con una honda y una piedra; y herido que le hubo, le mató. Y no teniendo David a mano ninguna espada, 51fue corriendo y echose encima del filisteo, le quitó la espada, desenvainola, y acabándole de matar, le cortó la cabeza. Viendo pues los filisteos muerto al más valiente de los suyos, echaron a huir. 52Pero los hijos de Israel y de Judá los acometieron con grande gritería, y fueron acuchillándolos hasta llegar al valle y hasta las puertas de Acarón; y cayeron heridos muchos filisteos por el camino de Saraim y hasta Get y Acarón. 53Vueltos los hijos de Israel de perseguir a los filisteos, saquearon su campamento. 54Y tomando David la cabeza del filisteo, la llevó a Jerusalén; pero sus armas las colocó en su casa.
Biblia de Torres Amat (París, 1836), dominio público, con la ortografía de hoy. En cursiva, lo que añadió el traductor.
Para leer juntos
- Todos tenían miedo, menos David. ¿De dónde crees que le venía la confianza?
- David no se puso la armadura del rey: salió con lo que sabía usar. ¿Qué cosas sencillas sabes hacer tú que pueden ayudar a otros?
- Para el niño: ¿qué cosa te da miedo a ti? ¿Qué le dirías a Dios sobre eso?