Ir al contenido
Mapa de DiosAbrir el mapa

Daniel en el foso de los leones

Dn 6, 2-29

Unos jefes de Persia lograron que el rey Darío prohibiera rezar a cualquier dios durante treinta días. Daniel siguió rezando y lo echaron al foso de los leones, pero Dios envió a su ángel, que cerró la boca de los leones. Dn 6, 2-29

Daniel en el foso de los leones: recreación artística

La historia, con nuestras palabras

El rey Darío puso ciento veinte gobernadores en su reino, y sobre ellos a tres jefes. Uno era Daniel. Dn 6, 2-3

Daniel destacaba sobre todos, porque había en él mucho del espíritu de Dios. El rey pensaba ponerlo al frente de todo el reino. Dn 6, 4-5

Los otros jefes buscaron de qué acusarlo y no encontraron nada, porque Daniel era fiel. Solo podrían atraparlo por la ley de su Dios. Dn 6, 5-6

Convencieron al rey de firmar una ley. Durante treinta días, solo se le podría pedir algo al rey, a ningún dios ni a nadie más. Quien desobedeciera iría al foso…

El resto de la historia es parte de la suscripción.

Ver el mapa

Así lo dice la Biblia

Dn 6, 2-29

2Plugo a Darío establecer para el gobierno del reino ciento y veinte sátrapas o gobernadores, repartidos por todas las provincias del reino; 3y sobre ellos tres principales, uno de los cuales era Daniel; a fin de que los sátrapas diesen cuenta a estos tres, y el rey no tuviese tanta molestia. 4Daniel empero aventajaba a todos los príncipes y sátrapas; porque abundaba más en él el espíritu de Dios. 5Pensaba pues el rey en conferirle la autoridad sobre todo el reino; por lo cual los príncipes y sátrapas iban buscando ocasión de indisponer al rey contra Daniel: pero no pudieron hallar motivo de ninguna acusación, ni de sospecha; por cuanto él era fiel, y se hallaba bien lejos de todo delito y de todo indicio de él. 6Dijeron pues: Nosotros no hallaremos por donde acusar a este Daniel, sino tal vez por lo tocante a la ley de su Dios. 7Entonces los príncipes y sátrapas sorprendieron al rey, y le hablaron de esta manera: Oh rey Darío, vive eternamente. 8Todos los príncipes de tu reino, los magistrados, y los sátrapas, los senadores y jueces son de parecer que se promulgue un real decreto, mandando: Que todo aquel que pidiere alguna cosa a cualquier dios u hombre hasta que pasen treinta días, sino a ti, oh rey, sea arrojado en el lago de los leones. 9Ahora pues, oh rey, confirma este parecer y firma el decreto: para que sea irrevocable, como establecido por los medos y persas; ni sea lícito a nadie el traspasarle. 10Y el rey Darío publicó el decreto y le confirmó. 11Lo que sabido por Daniel, esto es, que había sido establecida dicha ley, se fue a su casa: y allí abiertas las ventanas de su habitación, que miraban hacia Jerusalén, hincaba sus rodillas tres veces al día, y adoraba y daba gracias a su Dios, como antes había acostumbrado hacerlo. 12Aquellos hombres pues, espiándole con el mayor cuidado, hallaron a Daniel orando y rogando a su Dios. 13Y habiendo ido al rey, le hablaron acerca del edicto, diciendo: Oh rey, ¿no has mandado que cualquiera persona que hasta pasado el espacio de treinta días, rogase a algún dios o a algún hombre, sino a ti, oh rey, fuera echado en el lago de los leones? A lo que respondió el rey, diciendo: Verdad es, según ley de los medos y persas, la cual no es lícito quebrantar. 14Entonces repusieron, y dijeron al rey: Daniel, uno de los hijos cautivos de Judá, no ha hecho caso de tu ley ni del edicto que tú pusiste; sino que tres veces al día hace oración a su manera. 15Al oír esto quedó el rey muy contristado; y resolvió en su corazón salvar a Daniel; y hasta que el sol se puso trabajó por librarle. 16Mas aquellos hombres, conociendo el ánimo del rey, le dijeron: Sepas, oh rey, que es ley de los medos y de los persas, que sea inmutable todo edicto puesto por el rey. 17Entonces dio el rey la orden, y trajeron a Daniel, y le echaron en el lago de los leones. Y dijo el rey a Daniel: Tu Dios, a quien siempre adoras, él te librará. 18Y trajeron una piedra, y la pusieron sobre la boca del lago; y la selló el rey con su anillo, y con el anillo de sus magnates, a fin de que nada pudiese intentarse contra Daniel. 19Volvióse luego el rey a su palacio, se acostó sin cenar, ni se puso delante de él comida alguna, y además no pudo conciliar el sueño. 20Al otro día, levantándose el rey muy de mañana, fue a toda priesa al lago de los leones. 21Y arrimándose a la fosa, llamó a Daniel con voz llorosa, diciendo: Daniel, siervo de Dios vivo, el Dios tuyo, a quien sirves siempre, ¿ha podido acaso librarte de los leones? 22Y Daniel respondió al rey, diciendo: Oh rey, vive para siempre. 23Mi Dios envió su ángel, el cual cerró las bocas de los leones, y no me han hecho daño ninguno; porque he sido hallado justo delante de él; mas ni tampoco para contigo, oh rey, he cometido delito alguno. 24Llenóse entonces el rey de la mayor alegría por amor a Daniel, y mandó que sacasen a Daniel fuera del lago, y sacado que fue, no se halló en él lesión ninguna, porque tuvo confianza en su Dios. 25Luego por orden del rey fueron traídos aquellos que habían acusado a Daniel, y fueron echados en el lago de los leones ellos, y sus hijos, y sus mujeres; y aún no habían llegado al suelo del lago, cuando ya los leones los arrebataron, y desmenuzaron todos sus huesos. 26Entonces el rey Darío escribió a todos los pueblos, tribus y lenguas, que habitan sobre la tierra: La paz abunde más y más en vosotros. 27Ha sido decretado por mí que en todo mi imperio y reino se respete y tema al Dios de Daniel: porque él es el Dios viviente y eterno para siempre; y su reino no será destruido, y eterno es su poder. 28Él es el libertador y el salvador, el que obra prodigios y maravillas en cielo y tierra: él es el que ha librado a Daniel del lago de los leones. 29Conservose después Daniel en grande honor durante el reinado de Darío, y el reinado de Ciro, rey de los persas.

Biblia de Torres Amat (París, 1836), dominio público, con la ortografía de hoy. En cursiva, lo que añadió el traductor.

Para leer juntos

  1. Daniel siguió rezando aunque estaba prohibido. ¿Qué crees que le daba esa fuerza?
  2. El rey firmó una ley que después no pudo cambiar. ¿Por qué es importante pensar antes de prometer algo?
  3. Para el niño: ¿en qué momentos del día rezas tú?

¿Quiénes salen?

Daniel.

¿Y luego qué pasó?

Los huesos secos

Leerla completa en Mapa de Dios